Acceso privado
Expediente —
Durante trescientos años, vestir esto se pagaba con la vida.
Guadalajara · Lista privada {anio}
Tejido de Ermenegildo Zegna
Baja
Cusco, siglo xv
En el Tahuantinsuyo la vicuña le pertenecía al Inca y su fibra se hilaba nada más para la corte. A un hombre común sorprendido con una prenda de vicuña se le ejecutaba. La ley no estaba defendiendo el lujo: estaba defendiendo una cuenta que nunca dio para más de unos cuantos.
Doce micras y media
Es la fibra animal más fina que existe. Por debajo de las quince micras la lana deja de comportarse como lana: no pesa, no raspa, no se siente. A las dos horas se te olvida que traes saco puesto. Eso es lo que estás pagando.
La barra no mide finura: mide lo que cuesta el metro. Arriba de las veintidós micras la punta de la fibra ya tiene fuerza para irritar la piel del cuello. A eso la gente le llama que pica.
4,300 metros sobre el mar
La vicuña produce esta fibra porque vive arriba de los cuatro mil metros, donde la noche cae a veinte grados bajo cero. El vellón es lo único que la mantiene viva ahí, y por eso le crece así de fino y así de denso. Baja al animal a un clima templado y el pelo le crece más grueso, porque ya no necesita defenderse. Por eso no existen granjas de vicuña: toda la del mundo sale de rebaños salvajes, y a un rebaño salvaje no se le puede pedir más.
La cuenta
Cada animal entrega doscientos cincuenta gramos cada dos años y, descerdados, quedan ciento cincuenta. Tu traje se lleva cinco esquilas. Ninguna vicuña muere: se cercan a mano en el chaccu, se esquilan y se sueltan el mismo día. Así se hacía antes de que llegaran los españoles y así se sigue haciendo.
Lo que nadie va a notar
La vicuña no brilla, no lleva logo y no tiene un color que se anuncie. Quien no sabe, ve un traje café. Quien sabe, lo reconoce a tres metros por cómo cae la solapa y por cómo se mueve la manga cuando levantas el brazo. Es la única categoría de lujo que no se puede presumir: o se entiende o no se ve.
Ni en la etiqueta exterior, ni en el botón, ni en el forro. Tu nombre bordado por dentro y nada más.
Acabado mate. Los tonos van del vicuña natural al carbón, todos apagados a propósito.
El corte no persigue una moda. En quince años se sigue viendo igual de vigente.
Por qué cuesta lo que cuesta
DesdeDos piezas · dólares
USD40,000
El precio se cierra en la cita, cuando ya sabemos qué corte lleva tu traje y cuánto metraje se va en él. Ese número queda grabado en tu certificado y se puede rastrear hasta la ladera donde pastó el rebaño.
Hechura
En el taller la vicuña no la corta cualquiera: solo la tocan los maestros con más de treinta años de oficio. Y ni ellos la tocan antes de tiempo, porque no hay segundo intento ni metro de repuesto —ese corte ya no se vuelve a tejer. La tijera entra en la vicuña hasta que tu prueba en lino está perfecta.
Antes de solicitar
Cómo funciona
Hoy no te lo prohíbe una ley: te lo prohíbe el calendario. Doce cortes al año es todo lo que da la tela que nos asignan y todo lo que el taller alcanza a coser a mano. No existe el trece: lo que no entra este año se traza el siguiente.
Solicitas. Nos dejas cómo contactarte y quién te habló de nosotros.
Revisamos. Un asesor lee cada expediente y responde en cinco días hábiles. No entran todos.
Te llamamos. Te esperamos en Providencia y ese metraje queda apartado a tu nombre.
Lista privada · Temporada {anio}
Expediente recibido
No todas las solicitudes se aprueban. Un asesor revisa tu expediente y, si eres aceptado, te escribe por correo dentro de los próximos cinco días hábiles para acordar la toma de medidas.
Vamana Casa de Moda
Av. Montevideo 3272 · Providencia, Guadalajara